El Mundial, el calor y un freno que sorprendió a todos

Si estás siguiendo el Mundial 2026, seguro lo notaste: alrededor del minuto 22 de cada tiempo, el partido se frena tres minutos. Los jugadores van al borde de la cancha, toman agua, se mojan la nuca y la cabeza. Para muchos espectadores fue la gran novedad de este Mundial, y más de uno se preguntó qué estaba pasando: no es por lesión, no es por el técnico. Tiene nombre y tiene fundamento.

¿Por qué hace falta frenar?

Porque el cuerpo humano, por entrenado que esté, tiene un límite. Cuando se combinan el calor, la humedad y el esfuerzo físico sostenido, el organismo se recalienta más rápido de lo que puede enfriarse. Y ahí empiezan las fallas: el rendimiento cae, aparece el mareo, la desorientación, y en los casos graves se vuelve un riesgo serio para la salud. No es una exageración: en este mismo Mundial, jugadores de elite —entrenados como pocos en el planeta— se quejaron de marearse por el calor en la cancha. Si les pasa a ellos, le puede pasar a cualquiera.

No alcanza con mirar el termómetro

Acá está lo interesante: para saber cuándo el calor se vuelve peligroso, no se mira solo la temperatura del aire. Existe un índice más completo —se lo conoce como temperatura de globo y bulbo húmedo— que combina varios factores: la temperatura, la humedad del ambiente y la radiación del sol. Porque no es lo mismo 30 grados secos y a la sombra que 30 grados con humedad alta y sol pleno: el cuerpo lo siente de manera completamente distinta.

Ese índice no lo inventó la FIFA ni es exclusivo del fútbol. Se usa en muchos deportes y en muchos países —Estados Unidos, por ejemplo, lo aplica hace años— como referencia para decidir cuándo la actividad física al aire libre se vuelve riesgosa. Es una herramienta seria, con método detrás.

Y acá viene lo que nos importa

Un trabajador es tan humano como un deportista. El que levanta una pared bajo el sol del mediodía, el que asfalta una calle en verano, el que trabaja en un techo o en un depósito sin ventilación, está sometido exactamente al mismo fenómeno que hizo que la FIFA frenara los partidos. Su cuerpo se recalienta igual. El riesgo es el mismo.

La diferencia es que al jugador lo cuidan con un protocolo a la vista de millones de personas, y al trabajador, muchas veces, nadie lo mide.

En Argentina existe normativa que contempla justamente esto: las condiciones de carga térmica a las que puede estar expuesto un trabajador, y qué se debe hacer al respecto. No vamos a desarrollarla en esta nota —lo haremos en una nota técnica dedicada, porque el tema lo merece—, pero queremos dejar planteada la idea: si en el deporte de elite se frena un partido para proteger a un jugador del calor, en el trabajo medir y controlar la exposición al calor no debería ser menos importante.

Medir las condiciones térmicas, con el instrumento adecuado y el método correcto, es parte de cuidar a las personas. De eso se trata.

En una próxima nota técnica desarrollaremos qué dice la normativa argentina sobre la carga térmica y cómo se realiza la medición.

CÓMO CITAR ESTA NOTA

Hansen, E. (2026). El Mundial, el calor y un freno que sorprendió a todos. Tres Llaves — Seguridad, Higiene y Control Ambiental Laboral. https://tresllaves.com.ar/mundial-2026-wgbt/

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